martes, 31 de julio de 2018

Japón: Cuaderno De Viaje XVI // 40 Años No Son Nada II


Una vez descansados y bien bebidos (eso yo, mi Amor comió y bebió, como debe ser) decidimos seguir el camino a ese barrio que nos encanta y donde podemos perdernos sin problemas cada uno a lo nuestro y los dos a lo de ambos.

Otra de las mayores conexiones de "Disk Union" se encuentra en Shibuya, con al menos seis tiendas repartidas entre dos edificios; también está ganando adeptos entre los que amamos el vinilo "Tower Records", pero en mi acaso y hasta hoy no es de mucho interés, pero sobre todo para los frikis muy frikis que amamos el frikismo de lo que representa la Música japonesa, existe un espacio maravilloso donde todo es posible, "HMV Record Shop", una tienda que sin tener el encanto de los pequeños lugares, alberga la Música de siempre y un lugar amplio de todo lo japonés.

Tras encontrar otro par de joyas del Prog. y Rock clásicos en "Disk Union", a golpe de lista en papel y señas varias entre el encargado y el que suscribe (la verdad es que parecíamos un sketch de martes y trece en plan sordomudos y turista perdido en la gran ciudad) me dirigí a HMV para intentar llenar el vacío de la Música japonesa que hasta ese momento se resistía, ¡¡¡y vive el cielo que debí tocar la tecla adecuada!!!, porque aquí los 40 años se hicieron historia.
Lo dejé calentar a fuego lento, porque comencé por la Música de siempre, dado que toda la sección japonesa estaba en su lengua, y eso me suele frenar un poco. Tras una media hora en la tienda, me dirigí a la sección de la Música del país y por un golpe de suerte me encontré de cara con una de las joyas de Prog. japonés que me llamaba la atención por lo nueva que se encontraba.
No suelen existir las ediciones nuevas en Japón, la segunda mano y los originales copan el mercado casi por completo, pero tras el hallazgo seguí en las estanterías y descubrí un montón de discos que (algunos sí y otros no tanto) son parte de su historia. 

Los carteles seguían sin ayudarme mucho, de modo que saqué nervioso la lista de los discos japoneses y me fui como una bala al mostrador. En esos momentos mi Amor aparecía tras algunas horas a lo suyo (y con diversas bolsas de muchos y variados lugares llamados tiendas) y debió ver mi histeria nada contenida y el nerviosismo porque me preguntó el por qué de esa algarabía.
A la vez que intentaba explicárselo, el encargado de la tienda se interesaba por la lista y lo que en ella había, y mi emoción fue subiendo de grados. El tipo más amable con el que me he encontrado en lo referente al tema de la Música, un chaval que sabía lo que no está escrito y que tras su incredulidad al ver los títulos, comenzó a buscar.

Obviamente algunas cosas no están y punto; otras están y el punto lo ponen los euros, pero resulta que hay una casa de edición japonesa que se ha interesado por discos clásicos de los que han marcado la historia de su Música tras la época del milagro económico, y ahí sí que se pueden conseguir algún que otro incunable, aunque sea reeditado. 
Sobre todo se han centrado en el Folk Prog., pero abarcan los géneros más clásicos. Tras una hora de emociones contenidas, media docena de la historia de la Música japonesa se encontraba bajo mis brazos.
Lo más emocional fue escuchar de boca del chaval un cumplido que nunca hubiera esperado por esos lares, y menos a un occidental, al devolverme el papel con los títulos decirme "Good List" y despedirse de nosotros con una reverencia de lo más cortés.

El resto de la noche (y de nuevo en Shibuya fue para vivirla desde los ojos) se me debió quedar una cara de ganso bastante pronunciada, pero con las cervezas y los cuentos que narrábamos cada uno según las tiendas de las que hablábamos, nos despachamos el segundo día y en mi caso además viví el 40 aniversario de mi esencia con algo más que un día para recordar.



Japón: Cuaderno De Viaje XV // 40 Años No Son Nada I


El día 24 de Mayo de 1978, con mis catorce años y once meses (clavados, ¡¡vive el cielo!!) adquirí mis dos primeros vinilos. Desde entonces, nunca me han abandonado, ni en lo físico por lo que representa seguir adquiriéndolos, ni por descontado en lo emocional, porque se han hecho parte de mi vida, mi alma y lo que soy.

Cuarenta años después me encontraba como un perro enjaulado esperando poder salir del hotel en el distrito de Shinjuku para dedicar el día a eso que llamamos Alma, y que mucha otra gente llama Música.
Lo malo en el caso de las tiendas de discos (y esto es general en el universo, por lo que conozco) es que el sentido de las horas comerciales no encaja con la normalidad, y las tiendas de vinilos del barrio (que resulta más que curioso llamarlo así porque hablamos de un entramado financiero y comercial que abarca a unas 500.000 personas más los que la visitan en el día a día) no abrían antes de las 11 de la mañana.

Las primeras horas tras el desayuno las dedicamos a pasear por los alrededores del ayuntamiento y el mismo edificio en su planta alta, desde donde se observan vistas descomunales de Tokyo a 47 pisos sobre el suelo, y a buscar la escultura de Robert Indiana "LOVE" que se nos resistía un viaje sí y el siguiente también. Tras darnos un empacho visual maravilloso de Tokyo desde las alturas en un día despejado, por fin conseguimos el ansiado trofeo de las fotos con la escultura, y el que suscribe ya solicitaba ansioso ir hacia la parte de Shinjuku donde los vinilos se despiertan.

A menos que se me escape algo, y seguro que es así, el distrito de Shinjuku en lo que se refiere a discos de vinilo está prácticamente monopolizado por "Disk Union", un mega imperio con infinidad de tiendas que se extienden por muchos lugares de Tokyo, pero especialmente por aquí.
Si se cuentan las tiendas individuales de los edificios que las albergan (estamos en Japón y todo va hacia arriba) al menos podemos encontrar unas quince en diversos niveles y unas calles relativamente cercanas, todas perfectamente organizadas por estilos, por lo que conociéndolas más o menos (algunas han cambiado con el paso de los años) podía visitar unas diez que me interesaban.

Llegamos a la primera y una vez echadas (más o menos) las cuentas con mi Amor, nos separamos para disfrutar cada uno de lo que nos lleva, y quedamos varias horas después en otro de los lugares que siempre nos sugieren una buena cerveza y el reposo para el cuerpo.

Prog., Pop, Rock, Blues, Japonés, Free Style, Locuras varias, Vanguardia, Más Japonés, Más Locuras variadas, Hard... todo pasó entre mis manos, más o menos la historia de mi vida y los sueños que me han hecho ser un poco lo que soy, disfrutando con el olor a cartón desgastado, menos desgastado y casi nuevo, pocas reediciones muy en la línea del coleccionismo del país y un millón de recuerdos que se agolpaban en mi mente, desde la adolescencia, pasando por momentos inolvidables con amigos, entrañables frikis de toda la vida y alguno que nos dejó con un vinilo entre sus brazos.

La lista que llevaba (ya bastante deteriorada desde Kyoto) iba pasando de mano en mano como esos cromos que necesitas conseguir, y he de decir que en esta ocasión me tocó la mayoría de empleados o encargados amables y poco o nada vacilones con el occidental de turno, encontrando en casi todos los lugares la ayuda en forma de búsqueda de lo que solicitaba, a pesar de la dificultad intrínseca de lo que quería.

No nos engañemos, la pasión y el alma es una cosa, y lo que necesitas otra; con dinero, mucho dinero en el nivel que ya hablamos y la exigencia que me impongo, en Japón se puede conseguir todo, de no ser así, una docena de ejemplares en la primera tacada me pareció el cielo bajo mis pies, y tras unas cuantas horas, nueve tiendas y una tostada mental que ya no me dejaba ver más allá de mi nariz, decidí volver a la luz del sol para encontrarme con mi Amor y descansar antes de continuar la tarde del año 40 en condiciones. Echaba en falta algún que otro incunable japonés, pero me quedaba el cartucho en la recámara de las siguientes tiendas en Shibuya. Además, entre lo que había conseguido se encontraban ejemplares buscados hacía más de veinte años, y eso era un toque en mi piel que no podía borrarse.

Comer, comí poco, beber, bebí bastante más (cerveza) y abrumar con el relato mañanero a mi Amor durante el descanso... pues eso.





Japón: Cuaderno De Viaje XIV // Tokyo, El Mundo A Tus Pies


Comenzaba la última etapa de nuestro viaje a ese maravilloso país que nos llena por muchas cosas.
Una última etapa cargada de emociones por varios motivos, el primero porque Tokyo siempre nos sugiere escapar del mundo tal y como lo conocemos; en este viaje se unía que mi vieja pasión cumplía 40 años conmigo y con mi alma, y era una ocasión para disfrutarlo en un lugar inmejorable; además queríamos seguir escudriñando rincones en este universo de treinta y siete millones de personas que nos fascina, porque siempre hay cosas por descubrir.

La distancia entre Kyoto y Tokyo se hace muy llevadera con el tren bala, y si además ya vas cogiéndole el ritmo a lo de moverte en este medio de transporte por Japón, evitar bajarte en Tokyo Station ayuda mucho cuando tu objetivo es el submundo inenarrable de la estación de Shinjuku, desde donde teníamos reservado el hotel a no más de quince minutos andando (una verdadera suerte si hablamos de las distancias que se manejan por la ciudad y que Shinjuku te permite acceder a cualquier lugar) por eso, viniendo desde el sur la estación de Shinagawa era un enclave fundamental para tomar la línea JR Yamanote y llegar a nuestro destino.

Una vez en el exterior, pisando el suelo de la capital, la línea recta hacia el hotel nos recordó dónde estábamos, con cientos de miles de rostros cruzándose con uno, sin apenas rozarte y esquivándose entre sí, semáforos atestados y miles de vehículos entrelazados en las calles. La salida Sur de la estación, que nos llevaba hacia el hotel, se encontraba en una de sus horas punta (porque decir en Tokyo que hay una sola hora punta es tener mucha guasa) y a partir de aquí el distrito de negocios del ayuntamiento, hacia donde nos dirigíamos, era una masa de gente que a modo de una línea continua sobre las aceras marcaba las formas de las avenidas.

Registro en el inmenso hotel (en este viaje habíamos cambiado por falta de habitaciones en el que siempre usábamos) y las ganas por tomar la ciudad nos hicieron salir disparados hacia el mundo. Era mediodía, y decidimos pasar la tarde hasta que anocheciera en uno de los barrios que más nos sugieren cuando visitamos la ciudad, Shibuya y su inmensa diversidad; ahora que está de moda ser distinto, ser uno o una, hacerse notar... seguro que no se conoce ni bien ni mal un lugar como éste, un barrio donde encontrarte dos seres iguales resulta más que complicado, y eso que hablamos de unos 250.000 habitantes amén de los miles y miles que cada día inundan sus calles. 

A tres paradas de la JR Yamanote desde Shinjuku, el andén del barrio ya marca tendencias, como todo lo que te vas encontrando por el camino. Sales de la estación y te das de bruces con el cruce más famoso de Japón y uno de los más conocidos del mundo, y tras pasarlo ya nos adentramos en ese mundo alucinante de un lugar donde la hipermodernidad es la seña de identidad de cada esquina. Estuve tentado por hacer una visita a una de las tiendas de vinilos que más me gustan, pero al día siguiente me esperaba el cuarenta aniversario de parte de lo que soy, y podía esperar. 

El anochecer en Shibuya atrae a los ojos de manera especial. Todo se enciende y los inmensos paneles y vídeos que ocupan las paredes de las calles son un ataque constante a los sentidos, parte de ese infierno que otros ven como la pasarela al cielo.
Paseamos con gusto entre miles y miles de personas, mi Amor tuvo tiempo y muchas ganas para visitar tiendas y más tiendas en la atestada (a esas horas y entre semana) "Center Gai" y con las luces de neón tomando el relevo a la luz del sol nos detuvimos a degustar una buena cerveza en uno de los lugares que siempre que pasamos por el barrio visitamos.

La vuelta no fue nada compleja, incluso había lugares libres en el tren, lo increíble fue el paseo hasta el hotel con una bruma entre niebla y lluvia fina que cubría todo el ambiente, dando un aspecto fantasmagórico al distrito de Shinjuku ya entrada la noche; parecía que la zona se había perdido en un vacío con un aspecto precioso entre luces, niebla y agua.

Nos esperaban seis días más en una ciudad que nos fascina, pero en pocas horas iba a celebrar algo que da sentido a mi vida desde hace cuatro décadas, y eso no era cualquier cosa, al menos para mí.






domingo, 29 de julio de 2018

Música


El límite en el infierno no existe. A diferencia del cielo, nunca conoce la codicia humana lo suficiente, y cuando bajas a él todo puede ser "mejorable".

Escuché el sonido de las voces de sus ángeles caídos, escuché la guitarra que bramaba tras un solo desgarrado, escuché el quejido de una voz suplicando por su alma.

Sentí que mi lugar estaba al lado de ese fuego abrasador que hace que la Música tenga un mayor sentido.

Poster


Música


La Música vive dentro de mi alma. Ocupó su lugar una fría mañana de vientos áridos y grises.

Quiso ser la transmisora de los instantes eternos en los cuales siento más allá de mi propio ser. 

Por eso es lo que desea cuando mi mente transfiere a sus dominios la capacidad para hacerme ser mucho más de lo que represento.

De Vinilos y Otras Glorias MMXVII

Desde el lugar donde lo prohibido comienza a tener sentido


J.A. Caesar (Shintokumaru) 1978


El talento infinito del artista japonés vuelve a ponerse de manifiesto en lo que parece (decir con seguridad algo en este sentido es lanzarse al vacío sin red) es su cuarta obra, otra entrega visual de Música realizada para vivirse, y nunca mejor dicho.
Ni se acredita en el disco, ni se sabe por él mismo que fuese el autor de tamaña genialidad, pero por crónicas y algún que otro iluminado estudioso de sus obras y el recorrido del artista, se puede afirmar que "Shintokumaru" es una pieza de museo realizada por J.A. Caesar.
Especializado en las bandas sonoras de la expresión artística del teatro y el cine más radical y sugerente en el Japón de los setenta (aunque su obra se adentra en la década siguiente) el disco que nos visita es una introspección emocional vivida en directo, grabada desde la emoción de la puesta en escena de la obra por un grupo que comparte esas mismas ansias de radicales ideas y pieles rotas por las sensaciones.
Quizás, aunque en lo que a mí respecta no me lo parece, se debería ver la obra y escuchar al tiempo la Música, pero es tal el nivel de compenetración del músico con lo que hace, que se siente desde los sonidos todo lo que fluye dentro de la creación, y las partes en las cuales los artistas recitan, hablan, gritan o se dedican a expandir sus voces al infinito, no son sino un apoyo más a lo que viene y va de Música hecha exclusivamente para la mente.
La Música tradicional japonesa se mezcla sin ningún pudor con el Prog. más radical y consistente, recordando los mejores pasajes de óperas épicas y emocionantes, con una increíble capacidad para enganchar al que la escucha, atrapándole en sus sonidos y la manera espectral de vivir lo que ofrece.
Una embaucadora sensación de apertura mental, sin límites en las ideas, sin trabas en lo que sugiere, sin nada que pueda detener lo que uno piensa cuando lo siente y se mete en tu piel. J.A. Caesar vuelve a demostrar que todo es posible desde la visión mágica que la Música le confiere, y los artistas que entran en su idea logran transmitirla de una manera única, fascinante, visceral.
Una obra maestra para deleitarse y no dejar de gozar.
















A Vicky, más allá de los Sueños

De Vinilos y Otras Glorias MMXVI

Desde el lugar donde lo prohibido comienza a tener sentido


Takeshi Inomata & Sound Limited (Innocent Canon) 1971


Cuando uno se encuentra con una obra de este calibre, en la cual la cultura cobra todo el sentido de inocencia y a la vez de inimaginable proyecto secular que abarca los confines de la mente, podemos buscar el radicalismo de decir que no puede ser nada que no se escuche en cualquier tugurio de presagios malditos, o buscar la idea que la lleva para convertirse en una joya del surrealismo clásico japonés.
Es obvio, si se me va conociendo un poco en lo referente a este espacio que es "Paseando Por Los Sueños" y lo que me implica, que me quedo con la segunda opción. Porque la mente clara y definida de Takeshi Inomata y sus seguidores de culto por la Psycho más extrema y radical, nos muestran la verdadera imagen de lo que es sentirse perdido a través de los sueños, pero sin dejar de buscar ese momento en el cual la luz se ve al final de un túnel completamente llevado por los sonidos y sus provocaciones emocionales.
"Innocent Canon" es de todo menos la inocencia que se arrastra a lo largo de una vida escuchando lo que uno ama; o quizás es esa inocencia perdida por lo que se busca cuando la Música en tono superlativo entra en tu vida y de pronto te haces adulto. Una maravillosa sensación de emociones que llegan a la mente entre desfases emocionales, sonidos que recuerdan la aventura y esos instantes donde te encuentras saboreando lo mejor de una banda sonora hecha exclusivamente para ti.
Porque esta obra tiene la virtud (una de ellas, porque tiene muchas) de hacerte sentir parte de lo que transmite, un sinfín de sensaciones que no pueden definirse si no es como un todo brutal que emerge para embaucarte en su aventura, un viaje a las entrañas de una cultura musical única y mágica.
El encuentro con los sonidos de un disco así sólo puede llevar a algo que deseo en cada obra que escucho, la expansión de la mente para involucrarte en él, acariciando los sentidos y dejando que esos sones te lleven. Lo de menos (y es mucho en sí mismo) es la textura de los instrumentos, maravillosos transmisores de la idea, porque esa misma idea es tan bestial que podría sentirse hecha de mil maneras. Nos viene dada así, y en sí misma es una gema que brilla con luz propia.

Songs:  Introduction;  The Death Of Janis;  Go for nothing;  Child & I;  Blue;  Alone;  Epilog



A Mª Paz, por creer.

sábado, 28 de julio de 2018

Japón: Cuaderno De Viaje XIII // Gion, La Leyenda De Las Geishas


La llegada a Kyoto tras la visita a Uji tenía un cierto toque de nostalgia. Era la última tarde noche de nuestra visita, y al menos queríamos acabarla con ese regusto de recuerdos que la ciudad nos había dejado en los anteriores viajes. 

Pensamos que un paseo por el barrio de Gion podía ser lo más apropiado, y sin hacer parada en el hotel, desde la inmensa y deslumbrante estación central de Kyoto (una construcción que merece la pena disfrutar a pesar de la modernidad que entraña y lo que supone) fuimos hacia el barrio de geishas más conocido de todo Japón.

Como todo en Kyoto y por la enorme suerte que tuvo en la gran guerra, la parte histórica se presenta ante los ojos como lugares donde el reloj se para, y la vida se ralentiza de manera brutal. Ajenos a las primeras visitas cuando llegas por primera vez a la ciudad, intentamos evitar las calles y los lugares más concurridos por los turistas (siendo parte de este enjambre muy a nuestro pesar, por supuesto) y nos solemos perder por los rincones donde el sonido de lo auténtico y los habitantes que residen en la ciudad lo llenan de manera especial.

Gion es como un cuadro de costumbres, te encuentras elegantes señores y señoras que buscan el local específico para la cena dejados en la puerta por los taxis o autos privados, geishas que se acercan a su lugar de trabajo ataviadas y engalanadas (un trabajo de horas, por cierto) solitarios que deambulan por las calles del barrio perdidos en sus pensamientos, los inefables turistas... todo un elenco de personajes que forman la vida diaria de un barrio tan curioso como precioso.
Sin novelas de ciencia ficción ni teorías sobre los mundos paralelos, puedo decir que los túneles del tiempo existen, y visitar Gion sin los agobios de grupos de turistas, perdidos en sus esquinas, es una vuelta al pasado fascinante, por su vida, sus personajes, su olor intemporal.

Paseamos por las calles buscadas sin ruido ni agobios, trazamos la marca de nuestros sueños en las fotos y los recuerdos que la retina hace suyos más allá de las cámaras, y tras un recorrido por los alrededores, vivimos el río de la ciudad en alguno de los callejones que lo esconden y que resultan preciosos, llenos de bares, restaurantes, tiendas y casas de siempre. Restaurantes suspendidos sobre su orilla, pequeños puentes que lo atraviesan en calles estrechas, paseos llenos de vida y de calma al mismo tiempo.

De vuelta al hotel, degustamos alguna que otra cerveza en locales que nos encantan y alguno descubierto en este viaje. Por supuesto no podía faltar la visita a un lugar donde el jazz es la Música que inspira, con discos de vinilo que crujen en el viejo tocadiscos mientras el humo del tabaco (recuerdos de décadas pasadas en nuestro país) te cubre en un espacio en el cual el quinto cliente ya hace que la expresión "lleno a rebosar" cobre sentido.

Paralelo al río dimos con el Blues Bar, como casi siempre en las alturas, en este caso en el quinto piso, un lugar de Música en directo, pequeño y coqueto, con un constante homenaje en forma de fotos, posters y vídeos a Stevie Ray Vaughan, amén de las leyendas del Blues más histórico. Los instrumentos se agolpaban en un rincón y esa noche tocaba concierto de un bluesmen solitario con el que coincidimos en el ascensor (con él y su guitarra apenas cabíamos, pero fue curiosa la coincidencia) y que degustó varias cervezas antes de empezar.

Final de trayecto y el "british pub" Hub fue un cambio de tercio radical. Muy agradable y con la cerveza fluyendo por todos lados para la gente que apuraba las últimas horas del día antes de comenzar el descanso.
Para nosotros era la despedida de una ciudad única y la preparación de la siguiente etapa de nuestro viaje, algo tan especial como necesario para nosotros cuando viajamos a Japón. Tokyo nos esperaba, y esa noche fue un hasta la próxima a Kyoto, el lugar donde la tradición sigue viva.





Japón: Cuaderno De Viaje XII // Uji, Mucho Más Que Los Cuentos


El último día de estancia en Kyoto nos sirvió para otra de esas excursiones que se quedan en la memoria para siempre.
Mi Amor había planeado una escapada a Uji, un lugar de fábula con todos los tintes históricos vertidos en una novela que es una de las obras maestras de la literatura japonesa. 

Cuando llegas a la ciudad, un letrero enorme en la salida de la estación te da la bienvenida a la ciudad de los cuentos de Genji, para que te vaya quedando claro donde te encuentras, y la verdad es que ese recibimiento ya marca todo lo que acontece. 

Murasaki-Shikibu es la autora de "Los Cuentos de Genji", escritos entre el siglo X y el XI, que se convirtió en una de las cumbres de la literatura de su país, y la acción que narra en tan fundamental novela se encuentra ubicada en la ciudad de Uji. Lo quieras o no, todo se impregna de esto que la lleva, pero además, nos encontrábamos en un lugar con un halo mágico que se notaba en cada rincón de sus calles.

El barrio pegado a la estación, recreado como salido de un cuento, nos hacía perdernos dentro de la propia historia, con tiendas y servicios (puestos muchos para el turismo interior, todo sea dicho) que evocaban siglos pasados y una forma de vida muy particular. Al terminar esta primera andanada de viaje al pasado, el encuentro con el río Uji, que da vida a la ciudad y marca su pulso, fue todo un sobresalto.

Pegada junto a uno de los múltiples puentes que lo atraviesan se encontraba la estatua homenaje a la autora de la obra que hizo de la ciudad un lugar mágico, una imagen en piedra que resumía lo que debía ser su forma de sentir en una época ancestral. Tras las fotos de rigor con lo que representaba, el paseo por el río era un deber y una obligación que el propio ruido del agua te sugería. Un río maravillosamente vivo que denotaba una fuerza salvaje en ciertos lugares, como queriendo hacer ver el porqué de todo lo que surgía a su alrededor.

Las dos orillas se encontraban repletas de viviendas que evocaban la grandeza de una época, con todo tipo de construcciones volcadas al agua que no dejaba de rugir, y los puentes que permitían el paso por muchos lugares daban la sensación de acompañar en este recorrido por el tiempo. Las barcazas de pescadores perfectamente alineadas, los lugares elegidos para que los cormoranes descansaran tras su trabajo atrayendo a los peces, las entradas majestuosas a los templos... todo tenía ese aspecto de lo que no cambia a pesar de los siglos, las épocas, la historia.
Las horas iban pasando sin apenas darnos cuenta, entre callejuelas, templos y por supuesto el sonido que marcaba los minutos, el agua que no dejaba de fluir y que hacía más real que nunca la definición de lo que es un río.

Un lugar señorial, ideal para las historias que Murasaki-Shikibu hizo leyendas cuando escribió sus cuentos, un recorrido por esa odisea que la humanidad va escribiendo a lo largo de los siglos sin saberlo, cuando nadie piensa más allá de lo que su imaginación y su alma pueden trasladar.
Uji nos dejó la marca indeleble de lo que existe a pesar de lo que nunca se sabe, con el río que fluye sacándola de sus propias raíces, y el té verde que nos tomamos de manera sosegada en la cafetería del museo que honra a quien la ha hecho universal fue un final perfecto para volver sobre nuestros pasos buscando, en la orilla opuesta, el camino hacia los sueños.

Ya en el tren de regreso, la modernidad nos volvió a abrazar a velocidad de vértigo, pasando como un suspiro los paisajes que se amontonaban a través de la ventanilla del tren bala.


domingo, 22 de julio de 2018

El Otro Pájaro


Dos Pájaros


Un Pájaro


De Vinilos y Otras Glorias MMXV

Desde el lugar donde lo prohibido comienza a tener sentido


Ike Reiko (You, Baby) 1971


Es indiscutible que el erotismo ha sido una gran fuente de inspiración para la Música (con los estilos ya no me meto) a lo largo de las décadas, e incluso algunos autores se han especializado en B.S.O. de películas al uso.
El artefacto que nos acompaña, por decirlo de alguna manera y para que el susto sea más liviano, es una muestra de lo que decimos, es decir, el erotismo (o en el caso que nos ocupa "Pinky Violence", género propiamente japonés de películas con alto contenido erótico sin verse mucho, lo que aquí podría ser en la época la serie "S", pero con una dosis de violencia que ya se veía más) unido a esa mezcla entre BDSM, violencia, venganzas... llevada a la grabación por una actriz que en su época tuvo un relativo éxito poniendo cara de sufridora.
Vaya por delante que el disco está considerado un icono y pieza de coleccionismo en Japón, y que lo que se puede leer sobre él en muchos lugares ensalzan la obra (por eso lo adquirí hace años) e incluso, apoyando esto que comento, en el "Store Day" del 2017 se lanzó una edición del mismo, pero como en otras ocasiones digo, para gustos los colores.
El título original del engendro, "Kôkotsu No Sekai", apoyaba las imágenes de un film en el cual Ike Reiko se hacía ver y notar, y es el único intento que hizo de lanzarse a la carrera musical (decir afortunadamente puede parecer injusto, pero es así) 
Amante de lo jazzy y de las tendencias de Rock alternativo que hacían maravillosas composiciones allá por el principio de la década, hablamos de las buenas, por descontado, esta niña prodigio de las artes (al grabar el disco tenía 17 años y una reputación en películas eróticas altísima) se lanzó sin red a hacer de cantante y compositora y salió esto.
Lo increíble es que entre lo desechable, se encuentran momentos de frikismo que sólo se podían dar en un ambiente como la sociedad japonesa de la época, porque aceptaban eternas simbiosis entre lo que no está en ningún lugar del universo y ese mismo universo llevado a lo más bajo (no es el caso tan extremo, pero así nos hacemos una idea)
Y no me refiero a los momentos de frikismo por los jadeos orgásmicos de Ike durante casi todo el disco (eso seguro que queda mejor con las imágenes del film) sino a momentos en los que parece que la Música se te agarra al cuello y llega a esos instantes tan del Rock japonés de lo más oscuro y obsesivo.
Escuchar el disco se puede escuchar, y así valorar si merece el calificativo de joya del Neo-Pop Rock free japonés, aunque cierto es que muchos de los que yo considero obras de arte a mucha gente les parecen infumables, por lo tanto...
La portada, al margen de lo que es en sí Ike Reiko, un intento de ensalzar sus valores como vocalista con un micro pelín falto de inclinación. La contraportada, para que se lo miren, y el insert del disco fotos de la películas, todas ellas escenas lésbicas y BDSM, con Ike disfrutando y sufriendo por igual (sin cantar)



sábado, 21 de julio de 2018

De Vinilos y Otras Glorias MMXIV

Desde el lugar donde lo prohibido comienza a tener sentido


Melting Glass Box (Melting Glass Box) 1970


Como muchos de los discos grandes, no tan grandes, peculiares, originales y particulares que se han creado en Japón (porque son diferentes y su concepto de carrera musical e imagen como grupos o solistas no tiene nada que ver con Occidente) este "Melting Glass Box" es una aventura que nace de una idea y proyecto en solitario de Nishiokai Takashi, guitarra, voz y percusión, que unió para el mismo a miembros de grupos renombrados con los que formar este collage de sonidos que se mueven en una extensión difuminada de elementos sonoros difíciles de acoplar a un estilo.
Junto a Tetsuo Saito en la voz y la percusión, Kazuhiko Kato a las guitarras, Kazuo Takeda de los Blues Creation a la guitarra, Haruomy Hosono de Apryl Fool al bajo y Takasuke Kida de Jacks a la percusión y batería, forma un elenco de músicos que se atreven con un Folk Ácido con unos incontestables toques Prog muy al uso en la época, donde se podían derramar ideas de todo tipo y creatividad a raudales.
Como siempre pasa en estas obras tan personales, o gusta o pasas página, porque lo que no se puede negar es la inspiración personal e intransferible del disco, que bajo ese toque de Folk que parece no estallar nunca esconde momentos de oscura obsesión y deseos inconfesables.
Las guitarras ácidas hacen más lejana la certidumbre de lo que se escucha, y los efectos diabólicos y exagerados en ocasiones, dan un aire de necesaria tristeza que apoya de manera clara y evidente esa melancolía de la voz que parece no tener fin.
En momentos del disco parece que todo se derrumba, y es ahí cuando esa inspiración creadora levanta de nuevo el vuelo y arrasa con todo, siempre desde la perspectiva de lo que se trata como un homenaje a lo lúgubre, casi el silencio dentro de la Música.
No voy a negar que obras así no son fáciles de digerir, además de incluir en su escucha el saber que la Música japonesa te gusta y abres tu mente para mucho de lo que pueda venir, pero en su concepto y como disco es más que recomendable, porque no se parece a nada de lo que por aquí se estila, y eso ya da algo más.


De Vinilos y Otras Glorias MMXIII

Desde el lugar donde lo prohibido comienza a tener sentido


Happy End (Happy End) 1970


Eso es lo que quisiéramos muchos, o al menos el que suscribe en ciertas facetas de mi vida, un "Happy End" como el que proponen desde su propio nombre los componentes de este grupo japonés de Rock ácido y rasgador, aunque para algunos también hacen una suerte de Folk progresivo.
Al margen de etiquetas, que son lo que son y no llevan más allá, el grupo es uno de los más personales nombres de la escena japonesa de la época, sobre todo (y no es baladí el hecho) porque sus letras están escritas en japonés y cantadas en la lengua del país del sol naciente, algo que chocaba bastante en los años en los que se movían, con el intento de apertura y las influencias externas que el Rock provocaba en la Música de los grupos del país.
Poderosos en su concepto de armazón de las canciones, partiendo de una sección rítmica muy bien estructurada y que daba poder al conjunto, las canciones parten de esa premisa para dejarse ir de manera muy consciente hacia el Rock como base guitarrera, con las seis cuerdas en ocasiones llevando los ritmos al más puro y clásico modelo del estilo, y en otras vaciándose en distorsiones que cuando las tratan los grupos de esta parte del mundo se hacen parte de tu piel, sobre todo esa hiriente sensación que te atraviesa.
Este su primer disco es el más logrado, completo en la forma de trabajar las canciones y sobre todo con momentos de cambios que se agradecen para no caer en la monotonía de una Música lineal. En mi opinión, la voz es lo que desentona una vez escuchado el conjunto, porque parece que le falta impacto a la hora de transmitir lo que la Música lleva, de hecho en algunos temas, como la salvaje en contra ritmos "Ayakashi No Dobutsuen" que entra como una fiera herida en lo musical y la voz parece cortarla en seco, aunque se recupere en los espacios en los que la garganta no está para dedicarnos un duelo precioso entre la guitarra y la percusión.
Un disco del buen Rock japonés de los sesenta, no está en la cumbre de algunos mitos y leyendas del país pero sí al nivel de los buenos discos hechos con la personalidad de la Música de este lugar tan particular como maravilloso.
Haruomi Osono bajo, guitarra, voz, teclados. Eiichi Ohtaki voz, guitarra. Shigeru Suzuki guitarra. Takashi Matsumoto batería y percusión.

Side 1:  Haruyo Koi;  Kakurembo;  Shin Shin Shin;  Tobenai Sora;  Kataki;  Ayakashi No Dobutsuen
Side 2:  Juumi Gatso No Ame No Hi;  Ira Ira;  Asa;  Happy End,  Zoku Happppy Eeeend

Poster


The Allman Brothers Band 1972 Hofstra University


De Vinilos y Otras Glorias MMXII

Desde el lugar donde lo prohibido comienza a tener sentido


The Allman Brothers Band (Live At The Atlanta International Pop Festival July 3 & 5 1970) 1970


Por fin alguien en su sano juicio, o justamente lo contrario, se propone editar en vinilo esta joya de la Música. Llevaba mucho tiempo disfrutando del doble CD y deseando que alguna vez pudiera llegar a mis manos esta maravilla convertida en vinilo, y ha tenido que ser ese invento del maligno llamado "Store Day" el que consiga que se me haga realidad el deseo (lo de los sueños ya lo dejo para cosas más importantes)
Inmenso cuádruple disco en directo de la mayor y más grande banda del Rock Sureño de la historia y una de las más grandes bandas del Blues Rock universal, grabado en directo en uno de esos festivales que para mí los quisiera hoy en día, cuando era posible (y no un sueño, como lo es ahora) ver bandas unidas de calidad superlativa durante días y días de orgías sensoriales.
En el año 1970 ABB era lo más, y en directo la hostia; si además le unes que no estaban para otra cosa que no fuera hacer Música (al margen de lo que hicieran entre concierto y concierto, que me la trae) con esa inmensa calidad y talento de sus seis miembros, el documento se convierte en algo muy especial.
Salvajes, tremendos, una máquina absolutamente perfecta dentro de la imperfección que suponía realizar jams eternas en directo y dejarse llevar por la Música, crear más allá de los propios sonidos, disfrutar encima de un escenarios sin límites para nada, porque ellos no los tenían.
Cada dos discos corresponden al show de un día, los primeros al del 3 de Julio y los siguientes a l del 5; a la banda se le añade un habitual de sus conciertos en la época, Thom Doucette con la armónica, otra máquina de hacer Música, y en la escalofriante versión de "Mountain Jam del cuarto disco que lo ocupa entero, Johnny Winter "ayuda" con la guitarra, por si acaso hacía falta... ¡¡¡brutal!!!
A partir de aquí sólo se puede añadir que el disco es una obra de arte de la Música, rescatando en directo y en lo más puro la esencia de una banda irrepetible, momentos de la historia que jamás volverán, con genios puestos a hacer lo que sabían de manera superlativa, porque no había nada parecido. 
Por eso, para los que amamos la Música es una gozada y una manera de disfrutarla, para los que amamos el Rock Sureño una manera de saber cómo y de qué manera comenzó todo (a pesar de esos popes que niegan muchas evidencias) y para el resto... ¡¡a mamarla, que para eso existe la opción!!
Gregg Allman "Hammond", teclados, voz (¡¡¡y qué voz, joooooooooooé!!!) Duane Allman Guitarra, Slide. Dickey Betts guitarra. Berry Oakley bajo, voz. Butch Trucks batería, percusión. J Johnny Johnson batería, percusión.

The Allman Brothers Band 1970 Fillmore East


Poster


Japón: Cuaderno De Viaje XI // Buscando Eso Que Llamamos Magia II


Tras el merecido descanso (la verdad es que la frase queda muy bien pero en estos casos, cuando el placer sensorial y emocional se encuentra detrás, es lo que uno quiere) retomamos la visita a más tiendas de discos, en esta ocasión por mi cuenta mientras mi Amor hacía lo propio con las miles de posibilidades que la zona daba, y especialmente en ese enjambre de galerías que te hacen evadirte en el tiempo.

Continué mirando a las alturas, porque estamos en Japón y encontrar lo que quieres a ras de suelo puede ser complicado en muchas ocasiones, y en un tercer piso me encontré con el rótulo de "Toradra Record", otra tienda que se especializa en todos los géneros y preparada con un gusto exquisito. Todos los discos perfectamente marcados y con una pequeña explicación en cada uno (afortunadamente en este caso en japonés e inglés) ordenados por estilos y con un orden que no daba lugar a dudas. Me despaché a gusto pasando por mis dedos los plásticos que guardaban los cartones, todos los discos, salvo una pequeña sección de reediciones, segunda mano con un aspecto de estar bien cuidados. Entrega de la lista de rigor y mientras el dueño buscaba afanosamente en el ordenador, intentaba seguir el ritmo de otro cliente que miraba los discos a una velocidad de vértigo. 

La verdad es que me sirvió para ver varias filas de estanterías de una vez, y redujo el tiempo de estancia tras comprobar que no había mucho que hacer en lo que buscaba. Despedida cordial y tras bajar a la tierra, seguí el recorrido buscando más lugares.

Llegados a este punto, me convencí para no frustrarme por no encontrar mucho de lo que buscaba; simplemente quería disfrutar de los lugares que acogen lo que amo, vivir ese ambiente y sentirme parte de él, de modo que seguí mi periplo por el barrio.

Iba a visitar "Super Milk", otra tienda con buenas referencias, pero entre las obras y el poco espacio sólo quedaba la sección de CD's, de modo que por aquí no había nada que rascar.

Me quedaba el plato fuerte de la zona, la maravillosa "Joe's Garage" que conocí en años anteriores cuando visitamos Kyoto por primera vez, y esperaba que no fuese una visita cualquiera. Para llegar hasta ella desde donde nos encontrábamos, había que atravesar (si se deseaba, obviamente) el Mercado Nishiki, un precioso espacio dentro de las galerías que se encuentra repleto de tiendas tradicionales especializadas en comida; de aquí le viene el sobrenombre de "la cocina de Kyoto" y la verdad es que es una auténtica maravilla. Había quedado con mi Amor para pasear por él y degustarlo antes de llegar a la tienda.

Con una extensión de cinco manzanas, las tiendas que se agolpan una tras otra le dan un aspecto encantador, como de otra época. Tradición y actualidad (mucho más de lo primero ya que el origen del mercado data del 1.311 más o menos) se mezclan en perfecta armonía, y además de comida existen todo tipo de tiendas. 
Una verdadera sensación mezclarte con la gente de la ciudad realizando sus compras, en pequeños espacios donde pueden no caber más de tres o cuatro personas. Los vendedores observan y te atienden, nada atosiga a pesar de la cantidad de gente y lo estrecho de las callejuelas, pero de verdad que es un lugar recomendable para visitar.

Tras el paseo, llegamos por fin a "Joe's Garage", en un edifico estrecho que alberga otras tiendas de discos. Se encuentra emplazada en la segunda planta, como si quisiera esconderse tras una puerta y un pasillo, y tras desechar las otras opciones que me ofrecían Hip Hop, Dance y millones de discos para DJ's, entré en otro de esos lugares donde la buena Música se escapa por cada centímetro de lo que ves.

Es difícil encontrar (al menos en lo que yo conozco de Japón) un encargado o dueño de una tienda de discos que no sepa de qué va lo que vende más allá del propio disco, pero en este caso el dueño sabe y mucho. Una vez en la tienda, me apresuré a entregar la lista (que ya iba perdiendo el color con tanto traqueteo) y comencé a buscar una por una cada estantería, porque aquí me daba igual que fueran o no clásicos.
Aunque especialista en todos los géneros de la buena Música, la tienda tiene una selección espectacular de Rock americano de altísimo nivel, incluyendo discos menos conocidos por sus intérpretes pero joyas del estilo. El Rock inglés es excelente, y su espacio dedicado al Pop Rock japonés muy seleccionado.

Ya había conseguido algún que otro disco valioso, cuando me fijé en el muro que hay detrás del mostrador, y tras echar mano de la calculadora mental para no pasarme demasiado (faltaban días en Tokyo y algo más) conseguí uno de los incunables de la lista eterna que me acompaña desde que el Rock japonés entró en mi vida. Hubiera sido bonito aderezarlo con otro que se encontraba a su lado, pero los 500 euros que me pedía me hicieron sonreír y darle las gracias por el cumplido.

Otra media hora terminando alguna sección importante y la visita terminó con un saludo muy japonés y la sonrisa socarrona en mi cara.

Ya caía la tarde tras varias horas más degustando el placer que me lleva al inframundo y nos encaminamos a terminar la jornada entre paseos por el río, barrios de geishas con aroma a siglos pasados y alguna que otra cerveza para poder mirar y "saborear" lo adquirido en forma de negras pasiones. 


domingo, 15 de julio de 2018

Japón: Cuaderno De Viaje X // Buscando Eso Que Llamamos Magia I


Siempre me resulta fascinante buscar Música cuando viajamos. Es un placer que me doy cuando puedo, aunque sea un tiempo limitado, aunque no pueda dedicarle todo lo que quisiera; es una maravillosa sensación que en lugares como Japón se acrecienta, por lo que significa para ellos la Música y el soporte del vinilo.

Es cierto que en este tema algunos japoneses pierden un poco los nervios (sintiendo esa pérdida desde el punto de vista de lo que saben y controlan) y a veces la amabilidad nipona da paso a una dosis de enaltecimiento del ego que sobra bastante.

Cuando se sabe, como es el caso tras cuatro visitas al país y unas ochocientas a tiendas de discos, sólo tienes que ir a tu rollo, con la indispensable lista de incunables bajo el brazo para saltarte la dificultad del idioma, y las ganas de dedicarle el tiempo que puedas donde te parezca mejor según referencias, porque haber hay de sobra.

Me ayudó muchísimo el  reportaje sobre tiendas de discos en Kyoto encontrado en la red, un tremendo artículo de Gerard Casau titulado "Comprando discos en el país del Sol naciente", que daba muchas y buenas pistas para moverse por la ciudad de tienda en tienda, aunque como todo, son tantas las posibilidades que había que escoger.

Un curioso mapa sobre la zona donde (curiosamente también) teníamos el hotel, se convertía en una guía indispensable para tener a mano al menos unas dieciocho tiendas de música, y a pesar de llevarlo en copia en el móvil, el día de nuestra llegada, al visitar "Jet Set" me hice con uno de ellos, de modo que comenzaba bien la cosa.

Todo el núcleo principal de estas tiendas se encontraba en un entramado de calles cruzadas por los inmensos espacios de las galerías y marcadas como si fuera un límite fronterizo por las avenidas Kawaramachi-dori y Karasuma-dori, de modo que tras tomar como referencia de nuevo la tienda de "Jet Set" comenzamos el recorrido.

Me hubiera gustado estar más tiempo, como siempre, dedicar un día entero a acariciar los discos y ver pasar ante mis ojos las portadas, como siempre... pero soy consciente de que los viajes son una parte de lo que amamos y cuando de amor se trata, ir con la persona que comparte mis sueños es lo primario. Aún así, siempre puedo descargar mis deseos algunas horas en según qué ciudades, y a por ello iba, parte de una mañana y parte de la tarde.

Siguiendo el mapa de las tiendas accedí a "Happy Jack", un encantador espacio en los que te sientes como el dueño o encargado, más que nada porque con él ya no cabe más gente. Dando por hecho que los clásicos no los miro y que voy directo a buscar ciertas especies en vías de extinción, tras enseñarle la lista y comunicarme con un par de palabras en inglés que domino a la perfección (véase "Japanese Pop", y los nombres de discos que tengo grabado a fuego en la cabeza) al llegar un par de clientes más di por terminada la visita, y a otra tienda.

Por supuesto que me estaba animando, y aunque en este espacio no puedo poner todo lo que vi, al menos las que me parecieron más encantadoras y señoriales (por lo del regusto a lo clásico de siempre) al margen de pequeñas y maravillosamente añejas. Siguiendo el camino trazado, llegamos a "Poco a Poco", una tienda donde todo es lo que debe ser y no falta mucho más en el espacio que le dejan. Todos los géneros se agolpaban en pocos metros cuadrados, pero elegidos con un gusto exquisito. El Rock clásico, el Hard más puro, algún que otro llamamiento a los japoneses editados no hace mucho y por supuesto las marcas de fábrica que en Japón se venden de por vida, The Beatles, The Rolling Stones, Led Zeppelin, Pink Floyd... nada que no hubiera visto antes pero el gusto por lo que siempre es. De nuevo los papeles cambiaron de mano y tras verlos, el amable encargado me sonrió de forma cómplice indicándome que no había nada que hacer.

No me desanimé y decidí que la mañana debía acabar con clase. Un par de tiendas más de vistazo sin entrar (una sólo CD's y otra abrumadoramente DJ's) y buscamos la redención en "Parallax Records" un reducido espacio atestado de discos que parecían echarse encima de uno. Brutal, tremendo el ejercicio de equilibrio para no chocar, tirar algo, evitar que te lo tiraran y sobre todo intentar hacerme entender con la lista en la mano, pero el buen rollo que me daba la tienda antes de entrar fue como un presagio. Un par de buenos discos americanos, originales y con el sello Capricorn marcado en relieve me hicieron esbozar una sonrisa cuando salí de nuevo al escenario de los callejones.

Habían sido tres horas de caricias a cartones y nos merecíamos (especialmente mi Amor que aguanta estoicamente el evento) un par de cervezas heladas, de modo que el inciso para alimentar el cuerpo estaba a punto de consumarse.

sábado, 14 de julio de 2018

Japón: Cuaderno De Viaje IX // Kyoto, El Despertar Del Sueño


Kyoto es en sí misma un museo ajeno a la lógica. La lógica de lo que es una ciudad japonesa, porque mantiene la grandeza de antaño y no se ve atacada por el exacerbado modernismo que el país del sol naciente lleva en vena, sin dejar (eso sí) de ser una urbe que mira hacia el futuro. 

No he visto en los grandes núcleos urbanos del país tantas muestras de tradición como en Kyoto, donde forman parte de su vida diaria. Los músicos callejeros que tocan instrumentos clásicos de siglos pasados se unen con los que demuestran su arte dentro del Pop Rock y el Folk más al uso; los ciudadanos ataviados con el kimono por las calles son muchos y muy vistosos y las tiendas de elementos tradicionales comparten espacio con los grandes comercios, marcas modernas y estilos a la última.

Quizás por esto me resulta una ciudad fascinante dentro de lo fascinante que es este país de alegorías a la tradición milenaria y la más absoluta tecnología vanguardista. Quizás por esto la visita al templo dorado en una mañana de sol reluciente fue una visión extraña e impactante, por lo que significaba esa mezcla que resalta aún más cuando los japoneses se miran a sí mismos y ven lo que fueron, lo que son y lo que aún les falta por ser.


Un espacio brutal dedicado a la naturaleza (los grandes templos tienen ese sentido de ser parte del todo, además de lo que les toca en el culto) en el cual nos vimos envueltos en una vorágine de personas de lo más variopinta y que disfrutaban por igual de los bosques, lagos y jardines como del momento dedicado a sus dioses.
El templo dorado será la excusa (parece un poco artificial) pero la mezcla de cientos de estudiantes en perfecta formación guiados por un profesor que marcaba los grupos con un cartel y un número, las familias que iban de visita y los octogenarios y nonagenarios (soy incapaz de traducir en numerología lo que mis ojos ven en esas pieles curtidas por el tiempo) que se detenían a disfrutar de detalles que llenan los ojos de cualquiera pero que pasan desapercibidos para muchos, eran una mezcla increíble de una sintonía que se ve en muy pocos lugares.

Siendo parte de aquello, parecía increíble que la vuelta al centro de la urbe no llevara aparejada la inquietud por la vida a todo gas del millón y medio de habitantes que parecen confluir en la zona comercial y más turística, pero la noche no nos hizo sino volver a sentir que lo especial se puede encontrar en mitad de la nada o de la muchedumbre cuando ésta sabe cómo comportarse. 

Es un clásico visitar en Kyoto el callejón de Pontocho, y en esta ocasión no iba a ser menos. Afortunadamente la época del año en la que hacíamos el viaje dejaba claro que los turistas éramos menos y bien avenidos, y se agradece. Uno de los lugares que aún conserva lo que rezuma de clásica la ciudad, distrito de geishas e interminable paseo por puertas de restaurantes con imágenes y letreros japoneses que son una preciosidad.

En este lugar todo se estrecha, y las amplias avenidas se convierten en un paseo entre paredes y casas que hacen sentirte en una pequeña cápsula del tiempo. El reloj se detiene, y las luces de los faroles, las pequeñas lámparas y los escaparates de los restaurantes dan un aspecto maravillosamente íntimo en un lugar donde colarse en uno de los callejones que lo cruzan es perderse en la nada, con las sombras abrazándote.

Paralelo al río, sientes el palpitar de lo que la ciudad lleva, y cuando terminas el recorrido, como es nuestro caso cada vez que lo hemos disfrutado, puedes acceder a la orilla donde la vida palpita entre personas ajenas a todo y grupos que comparten las últimas horas del día. De noche, la tradición musical de Kyoto se vuelve vida, y en la orilla, al borde del agua o en los puentes que atraviesan el Kamo, los músicos callejeros se colocan para ofrecer lo que sienten, en especial y en estos lugares, un poco de la Música contemporánea, ya sea japonesa o de lo que ha dado al mundo eso que amamos y llamamos Pop Rock.

Las terrazas que se agolpan sobre el río, en estructuras de madera creadas encima de los bancos de arena dan un aspecto increíble de noche, y el conjunto es de lo más peculiar. Al otro lado del callejón de Pontocho, más bares, restaurantes y casas que invitan al descanso del cuerpo y del espíritu (por lo que el placer carnal, físico y de bebida ofrecen) todo desde esa óptica en la cual los japoneses crean dentro de su sociedad la facilidad para que todo ocurra de manera más natural.

Última parada en el borde de uno de los puentes para disfrutar de la voz (tremendamente sensual, por cierto) de un músico que arrancaba sentimientos con su acústica. No me pareció nada violento el sonido del idioma japonés cuando me llegaba de esa manera tan íntima, un placer al que debería haber acompañado una guitarra más poderosa.