domingo, 10 de noviembre de 2019

Tom


Southside Johnny And The Asbury Jukes (Bilbao Sala BBK 12.10.2019)


En esto de la Música hay mucho payaso, mucho profesional, enormes músicos, genios... y por supuesto hay cabida para todos y por desgracia para los otros.
Pasando por alto que algunos tipos que se llaman críticos van a ver los conciertos porque les sale gratis (incluida la bebida) y como decía mi querido Eduardo justo en lo mejor se meten en el baño, lo que siempre me ha interesado las pocas veces que voy a un directo es lo que hay en el escenario, el resto ya viene dado.

Southside Johnny nunca será uno de esos genios que se encuentran en el Olimpo del Rock, ni será recordado como el que dentro del estilo hizo lo que nunca nadie habrá hecho, pero es de esos profesionales que siguen creyendo en su pasión, su profesión y su alma.
El Rock 'N' Roll vive de tipos como este, músicos que hacen creer en lo que entregan, que hacen sentirte bien porque la Música es una parte de la Magia que mueve este mundo, y que cuando suben al escenario, estén mejor o peor, nunca se esconden y dan lo que tienen.
Sólo con eso merece la pena creer en la Música y en los que hacen disfrutar con ello, pero además un rockero impenitente como Southside Johnny y su banda de toda la vida, The Asbury Jukes, te hacen creer que eres parte de todo lo que el Rock tiene de bueno, y eso es simplemente maravilloso.

He de confesar que quería ir al concierto por nostalgia, para escuchar en directo a un tipo que me ha hecho pasar muchas tardes de diversión con amigos y conocidos, porque no sabía qué podía encontrarme a estas alturas de la película.
Por lo pronto me encontré ocho profesionales que se divierten en el escenario y lo transmiten, y la verdad es que las dos horas del directo merecieron la pena.

No comenzó bien el de New Jersey con la voz (su arma más poderosa y con la que hace que todo se convierta en Rock) apagado y sin apenas fuerza; no comenzó bien porque los años no perdonan y esto ya es mucho deambular por el mundo, pero para eso tiene mil recursos y la categoría de un gran músico.

Visto el panorama, uno de sus chicos salió al rescate, el pianista Jeff Kazee, y los primeros tres temas los hicieron a dúo, aunque realmente cantaba más él que el propio Southside. Fue un calentar motores y ponerse al día, porque a partir de ahí la voz de perdedor de las calles con tono de eterna súplica ya sí traspasaba el micro para llegar hasta los sentidos.

Un concierto de puro Rock 'N' Roll, con los temas de siempre y algunos más que obviamente añade según el paso de los años, con una máquina perfectamente engrasada como es la banda y un tipo que domina el escenario (tiempo, espacio físico y momentos musicales) como pocos.
Ya no está para vacilar al público como antaño, ni para reírse de su sombra por sus propias ocurrencias, pero sí para manejar un grupo de músicos que le siguen hasta donde él quiera llevarles.

La formación clásica del Rock, guitarra, bajo, batería y teclados junto a algo indisoluble en la Música de Southside Johnny, la sección de viento con el saxo, la trompeta y el trombón, todos apiñados en el escenario sabiendo su lugar, su papel y la parte en la que todo debe sonar como un bloque.
Con una banda así de solvente, el vocalista puede estar cómodo, y de hecho lo estuvo salvo esos primeros momentos; mucha importancia al saxo, que en varios temas se marcó solos de puro estilo, y aunque la guitarra de Glenn Alexander estuvo genial, creo que debería haber tenido más protagonismo, porque ese instrumento y el Rock son uno.

El concierto fue pasando entre temas conocidos, otros menos y alguna que otra pausa de Southside Johnny perdido entre bastidores (detrás de la sección de viento o de la batería) porque la edad no perdona y su energía no es la que era, que fue lo que hizo que en algunas ocasiones la velocidad bajara y la intensidad con ella, pero cuando se recuperaba volvíamos a sentir esa andanada que el Rock provoca. Por supuesto Rock, algo de Soul, Blues traducido al estilo y más Rock.

Al menos tres temas de su amigo y colega Springsteen entre los que se encontraba la maravillosa y sensual "The Fever", a la que el amigo le da un toque único, personal e intransferible, otros cuatro de la otra pieza del trío de Jersey, Steven Van Zandt, que Johnny los ejecuta como nadie y que hace suyos década tras década, varios de cosecha propia y el homenaje de siempre a una leyenda (este sí que lo es) de la Música en general, el único y enorme Sam Cooke.

De no haber sido por un Anormal que se convirtió en el músico número 9 sin serlo, y que se excedió en sus funciones de utillero unas 1.527 veces saliendo y entrando en el escenario, tocando cables sin ton ni son, colocando instrumentos SIN músicos y desvariando a la hora de hacer fotos, el concierto visualmente hubiera estado muy bien, porque los músicos estaban a eso, a hacer Música, pero ese Anormal que se creía el número 9 la cagó y me provocó varios momentos de cierre de ojos para poder sentir la Música sin "sentirle" a él (por cierto, el colega cerró los bises llevándose a Southside Johnny con una toalla fuera del escenario... brutal en lo negativo y demencial al mismo tiempo)

Un concierto sincero, legal, auténtico, sin buscar nada más allá de la Música, sin entrar en nada que no fueran los músicos y lo que sienten, con momentos un poco menos intensos pero en general más que divertido, porque al final la Música, el Rock, es hacer que tu alma se sienta a gusto, y Southside Johnny And The Asbury Jukes consiguen eso, y pasados los setenta hay que valorar lo que eso significa.
Southside Johnny no se arrastra por el fango, ofrece Música y la entrega, no como antaño porque los años y la carretera no perdonan, pero al menos eres capaz de sentir lo que este viejo rockero y los músicos que creen en él sienten, y eso hoy en día, pasados los setenta y muchos llegando a los sesenta, es un lujo.

Southside Johnny voz, armónica, alma. Glenn Alexander guitarra. Chris Anderson trompeta. John Conte bajo. John Isley saxo. Jeff Kazee piano y voces. Neal Pawley trombón. Tom Seguso batería.








domingo, 3 de noviembre de 2019

Antes del amanecer - Come Here


Lo Más Improbable


Me sigue pareciendo curioso, no sé si porque ya creo que las cosas van y vienen como les da la gana, o bien porque por mucho que uno se empeñe al final le van a venir por todos lados, que (digámoslo así) el destino se presente ante uno porque sí, porque quiere y sin pedir permiso para aparecer.

En el último viaje que hemos hecho, a la que fue (y de hecho guarda muchos atributos para seguir siéndolo) capital de un imperio inmenso, Viena, no tenía pensado dedicar tiempo a buscar tiendas de vinilos, simplemente porque sabía que entre paseos, museos, paradas para degustar una buena cerveza y más paseos, el tiempo me sería esquivo en lo de dedicarle unas horas al noble arte de buscar piezas para mi colección.

De hecho no había buscado posibles lugares para ir, aunque César sí que sabía de uno de ellos que, sin página web ni gaitas, aparecía en algún que otro blog.

Lo del destino y demás historias es para escribirlo, porque el penúltimo día de estancia en la ciudad, y ya sin el recuerdo de la posible visita a la tienda, paseando por una de las calles que nos llevarían a otro lugar para visitar, nos dimos de cara con "Teuchtler Schallplattenhandlung Und Antiquariat" que es el nombre de una tienda de discos tan especial como encantadora.
Ya que estábamos, no íbamos a pasar de largo, de modo que sabiendo que el tiempo lo tenía limitado, entramos y comencé a disfrutar nada más traspasar el umbral.

Ante mis ojos se presentaban miles y miles de discos, que en un principio esperaba que estuvieran ordenados de una manera coherente (algo que en muchas tiendas no pasa y te lleva un tiempo enorme averiguarlo) y no como el caos que a simple vista me daba a entender.
En forma de L, la tienda se alargaba a través de dos pasillos, y de uno de ellos salían dos habitaciones que servían una de ellas como sala de audición y otra como apartado exclusivo de la Música Clásica (algo de lo más lógico encontrándonos en Viena)

Lo más llamativo no era la inmensa cantidad de discos que había (ordenados por orden alfabético algunos de ellos y según estilos otros) que se superponían en ocasiones en las distintas estanterías, con baldas correderas sobre algunos para poder ocupar más espacio (en estas secciones correderas había sobre todo CD) sino el personal de la tienda, que hacía entender un poco ese caos aparente.

Tres chavales jóvenes, que buscaban, te indicaban o sugerían entre la supuesta organización de los vinilos y dos señoras de edad avanzada (una de ellas podría muy bien haber visto en directo como groupie a The Beatles en sus años de inicio) que parecían frikis salidas de una aventura contada en forma de Música por Frank Zappa.

Elegí al azar varias letras del abecedario para comenzar, dando por hecho que la tienda no podía verla entera, y comenzó a aflorar la magia de estas ocasiones.
Casi ocultos a la vista de la lógica, comenzaron a aparecer vinilos que ya daba por perdidos, y aunque el estado de las carátulas dejaba bastante que desear (en muchos de ellos) los vinilos se encontraban impecables, algo que chocaba contra la lógica. 
Seguí a lo mío mientras que las dos frikis comentaban aspectos extraterrestres con clientes, mi Amor y César y Carmen, que se habían animado a buscar algunas piezas de negro vinilo, y en ese momentun extraño en el cual todo parece confluir, la señora de menor edad, pero con mucha edad en el DNI, se marcó el detalle de regalar un disco cada cierto tiempo, según los que comprábamos, y rebajar el precio de los que llegaban a sus manos.
De manera natural, como si todo lo que ocurría fluyera en la dirección de la Música escondida en el intelecto, me fueron viniendo títulos y autores, busqué los que pude por el límite de tiempo y a medida que los dejaba en el mostrador su precio era rebajado de manera constante por la señora, algo que me hacía levitar por lo increíble del asunto.

Dos de los tres jóvenes seguían andando entre los pasillos, buscando, sacando discos, y el tercero se encargaba del ordenador (todo un logro en un lugar como este) mientras que las frikis ajustaban precios, regalaban discos según las compras y comentaban con la concurrencia la película "Antes del amanecer" donde sale una escena en la cual los protagonistas van a la tienda de discos y escuchan uno de ellos en la sala de audición (la verdad es que para ser de 1995 la tienda está prácticamente igual)

Tras una hora de visita, algunos discos comprados, dos piezas de coleccionista encontradas y una experiencia extrasensorial en forma de dos frikis encantadoras, abandonamos la tienda con la sensación de que la Magia que envuelve muchos de esos momentos que la Música ofrece sigue viva, y que dure...