sábado, 16 de junio de 2018

Japón: Cuaderno De Viaje VI // Onomichi, Lo Pintoresco Hecho Realidad II


Aún nos quedaba tiempo para apurar el día y nos dispusimos a visitar lo que hace de Onomichi algo más que el mar que la sustenta, una ruta por los entresijos del monte que se une al pueblo y lo abraza.

El "Sendero de los Templos" y el "Sendero de la literatura" son dos rutas que terminan confluyendo en el mismo lugar. Tras atravesar la vías del tren, que en algunos lugares parecen las viejas piezas de hierro abandonadas que atraviesan la ciudad y la dividen en dos, el resto del camino es cuesta arriba, y en verdad que la cuesta es muy hacia arriba.

Antes de comenzar a subir, en el mismo pueblo cumplimos uno de los deseos de mi amor, encontrar y ver la estatua de Fumiko Ayashi, una escritora nacida a principios del siglo XIX y que como muchas mujeres sin miedo a nada, se atrevió a vivir su vida y ser por encima de todo, al margen de lo que la época dictaba para los escritores de su sexo. Un amable señor (decir esto en Japón es casi una redundancia pero me encanta recordarlo) nos explicó en perfecto japonés y con miles de gestos (afortunadamente ésto último) cómo encontrarla, y ver los ojos llenos de emoción de una enamorada de la literatura degustando el momento fue un instante inolvidable.

Puestos a demostrarnos que podíamos hacer el día completo de actividades olímpicas varias, comenzamos a subir por los senderos, sintiendo cómo el pueblo iba reduciéndose a nuestros pies mientras nos colábamos entre callejuelas, piedras, templos, gatos que dormían o se lamían sin cesar (cientos de ellos, por cierto) subiendo hacia el infinito, en un lugar entregado en el pasado a la magia que desprenden las palabras, el intelecto y su manera de cultivarlo.

Onomichi se presentaba ante nosotros con una imperial belleza, bañado por el mar, rodeado de montes y naturaleza, atravesado por caminos de hierro y senderos de piedra, y entre todo dos enamorados de ese país que nos permite creer que a todos los niveles (especialmente en lo humano) aún es posible, y eso es impagable.

Pensar que allí arriba se esforzaban por crear un foco de cultura a través de las palabras era sencillamente emocionante. Mi mente se esforzaba, entre el silencio y las vistas de todo lo que impactaba en mis ojos, por traer a la memoria esos temas eternos que me hacen sentir más allá del propio universo, y recreando sones que me han hecho ser quien soy después de más de cuatro décadas, me dejé llevar flotando sobre el mundo, parando el tiempo y recreando el espacio a través de la Música.

Bajamos sin prisas, degustando en sentido inverso todo lo que nos había hecho llegar hasta la cima, dejando que Onomichi se acercara poco a poco hasta nuestros pies, y ya en el andén, una imagen me hizo creer en esos túneles del tiempo que a veces te asaltan en la vida, dos vías perdiéndose en la tierra, desapareciendo hacia el centro del mundo ("Sueños en papel" no buscados) 




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