sábado, 9 de junio de 2018

De Vinilos y Otras Glorias MMI

Desde el lugar donde lo prohibido comienza a tener sentido


Harumi (Harumi) 1968


La influencia de todas las Músicas y estilos de calidad en los artistas japoneses es un hecho que nadie puede negar, y desde la apertura del país al mundo, una vez superado el lastre de la segunda guerra mundial, esta influencia y lo que significa fueron haciéndose cada vez más notorias.
No obstante, el toque personal que estos artistas dan a la Música que crean es algo indudable, y eso es lo que les hace (cuando de calidad hablamos) diferentes y emocionantes.
Harumi es uno de esos artistas más que influenciado por la Música que llegaba de los lugares donde se creaban los sonidos que movían el mundo, y en su obra homónima deja bien claro esto.
Doble disco de pura Psycho ambientada en lugares donde la imaginación es libre y viaja a sus anchas pero con dos características bien diferenciadas, que corresponden a cada uno de los discos. De hecho parece una obra realizada en dos partes y unida para salir a la luz como el doble trabajo que se entrega.
En el primer disco, no se anda con muchas transgresiones y se dedica a realizar una Psycho muy USA, en ocasiones incluso peca de inocencia en sus planteamientos, como si jugara sobre seguro, y aunque el resultado no es nada malo, se deja entrever la posibilidad de haber ido un poco más allá. Las guitarras tienen una importancia capital en los temas, pero no deja de ser un trabajo que podrían firmar muchos de esos grupos que nacieron en el país donde esta Música se implantó casi como una forma de vida. La creatividad en este sentido está marcada por lo que Harumi conoce y no inventa nada que no esté sabido.
Otra cosa es el segundo disco. De pronto todo se transforma, y el universo del artista se convierte en un mundo al margen de la lógica donde la imaginación se desborda y la capacidad creativa surge a borbotones. Un tema por cada cara que además se convierten en obras enormes que no se detienen ante nada; la cara A, descomunal, son 24'01'' de éxtasis mental, con la integración de instrumentos tradicionales japoneses que dotan a la obra de una singularidad y belleza maravillosa, mientras el artista se dedica a pasear por el tiempo y acompañantes del mismo llenan el espacio recitando, cantando, inventando. La cara B, "Samurai Memories" con sus 18'11' de duración, consigue ser tan épica como intimista, abundando en la preciosa simbiosis entre instrumentos del Rock y los tradicionales, llevando la Psycho a un extremo realmente sugerente.
Demasiada diferencia entre los dos discos, pero en general una obra que merece la pena por lo que sorprende y lo que destila.

Harumi todos los instrumentos, compositor, arreglos e imaginación.


Japón: Cuaderno De Viaje IV // Kurashiki, Un Viaje En El Tiempo



Tras la travesía, hacia mucho de lo que debería ser menos lo que realmente es, del día anterior, la mañana se presentaba interesante. La ruta de viaje que mi amor había preparado nos hacía tener por delante lugares que no suelen estar en los planes de los visitantes ajenos a Japón (sin contar a los viajeros que no se conforman con las guías de viaje, por supuesto) 

Como casi siempre en nuestro caso, el tren como medio de transporte y gracias a la tarjeta que los extranjeros podemos conseguir por semanas y que te da acceso a una red inmensa de este transporte, nos permitió en poco tiempo llegar a un lugar que parece la entrada a una puerta lejana en el tiempo, Kurashiki. Con casi medio millón de habitantes, que para Japón la convierten en una pequeña ciudad, se trata de un lugar histórico situado junto a la desembocadura del río Takahashi, que le da la vida y mucho del sentido de lo que es.

Pasear por sus calles, especialmente la zona histórica y todo lo creado alrededor de los puentes y el río es deslizarte por el tiempo sin saber nada de fechas y relojes, porque todo parece detenido en un pálpito que se convierte en ajeno a lo que es el discurrir normal de la vida de cualquier ciudad japonesa.

En este lugar el frenesí lo da el sonido del agua, el discurrir de las horas en un  cuadro de otras épocas, la tranquilidad de lo que es más allá de la propia ciudad. Al margen del impresionante museo Ohara, que en un espacio parecido a un palacio neoclásico alberga obras de una colección privada donada a la ciudad de artistas grandes y clásicos, llama la atención la parte histórica conservada con un gusto exquisito, que guarda la forma de vida de épocas pasadas, con canales donde confluyen calles derramadas hacia el río, que datan del período Edo y que aún conservan los almacenes donde se guardaban los productos (especialmente el arroz) que llevaban al puerto.

La Honmachi Higashimachi, un entramado de calles conservadas como eran siglos atrás, son un desvarío emocional para sentirse transportado sin remedio a otros tiempos, sin desentonar la Música que sale de alguno de los negocios que ahora ocupan sus locales, habitualmente japonesa (supongo que para dar un toque más de autenticidad al lugar) 

En uno de esos locales, una casa particular de una encantadora señora que había hecho de su hogar un lugar de descanso a modo de café, degustamos una cerveza helada con (increíble por la estampa de lo que nos rodeaba) los sones de Música Rock de clásicos de los setenta, que nos envolvieron en cada sorbo y nos hicieron recuperar las fuerzas para volver.


Paseo hacia atrás buscando el próximo tren, entre galerías, vistas del río y más guiños a una época de esplendor que en Kurashiki se niegan a perder, entre visitantes japoneses, algún despistado como nosotros y lo que nunca puede faltar en Japón, grupos de colegiales que aparecen y desaparecen por muy lejano, remoto o ignoto que sea el lugar donde te encuentres.








Japón: Cuaderno De Viaje III // Hiroshima, La Música Del Silencio


Hoy en día, y desde hace décadas, Hiroshima es una ciudad moderna, perfectamente estructurada y con más de un millón doscientos mil habitantes sin contar toda el área metropolitana que por aquellos lugares suele aumentar bastante según qué ciudades.

No es una ciudad al uso, porque a pesar de ser moderna y con todo lo que corresponde a una urbe japonesa, tiene ese halo de misticismo que le da el saberse para la eternidad uno de los puntos donde la barbarie humana llegó a su cenit.

El área dedicada al recuerdo de lo que supuso el desastre de la segunda guerra mundial y la caída de la bomba atómica es en sí misma una zona que se aparta de la ciudad, realmente creo que se aparta del mundo. Todo el parque y lo que en él puede verse, dedicado a este momento de aberración de la mente humana, es un monumento al silencio, a la Música que desprende la muerte y los recuerdos de la nada, a esa sensación lúgubre de lo que nunca va más allá de la memoria porque no se quiere olvidar y al mismo tiempo no de debería recordar.

La Música de este lugar es el silencio, roto en ocasiones por el sonido de la campana de la paz, que cualquiera puede tocar para (no sé muy bien si de manera efectiva o simplemente porque el ser humano aún no se reconoce) que no vuelva a ocurrir esa barbarie que pisas cuando estás allí. El silencio es Música porque tus sentidos buscan esa parte de lo que asumen cuando nada les rodea, y en Hiroshima, en ese lugar, parte de lo que me lleva hasta el éxtasis más absoluto, los sonidos y su significado, se empeñaban en rodearme sin poder expresarse, porque allí todo se expresa en la hecatombe.

La llegada al país del sol naciente una vez aposentadas las maletas y pisado el suelo ajeno a estaciones de trenes y aeropuertos, fue un recorrido por lo opuesto a lo que buscaba en este viaje, pero no me dejó indiferente, porque en muchas ocasiones, cuando la Música calla, es esa sensación la que me queda, la nada más absoluta, el sentimiento de no poder sentir lo que ella me da, lo que posiblemente ocurrió tras el estallido de la muerte, ese silencio que lo abarca todo y que se convierte en la Música innecesaria que nunca se debería escuchar.




viernes, 1 de junio de 2018

Live At Dunajam


Tomo Katsurada


Japón: Cuaderno De Viaje II // Camino De Los Sueños


Hacer el viaje en dos etapas no ayuda a reducir las catorce horas hasta llegar a Tokyo, pero al menos te permite despejarte durante un rato (que sin ser gran cosa ni desearlo, por aquello de llegar y los deseos de estar en nuestro destino, ayuda) y para cuando tomas el avión que arrastra toneladas y toneladas de metal enfilando hacia el cielo, la sensación ya es otra cosa.

Tenía por delante muchas horas y un reducido espacio para vivirlas, de modo que la primera idea fue buscar Música en la pantalla que hacía de ordenador personalizado en cada asiento. ¡¡Craso error!! porque la moda no suele ir conmigo, y la moda de los últimos años me produce una alteración estomacal bastante agudizada. Vistas las perspectivas, preferí recrear los temas y sones que me apasionan, buscando en mi cerebro de manera aleatoria y haciendo acopio de algunos de los discos que podría encontrar y que descansan en una lista que siempre que puedo me acompaña cuando voy a algún lugar donde se aprecie lo que amo.

Como siempre, las perspectivas en Japón pasan por los lugares que se atrevan a compaginar el inglés con el japonés para darte la información, porque de no ser así en mi caso estás perdido, y si das con el encargado de turno que no da crédito a que un occidental que no sea yanqui o británico pueda conocer según qué cosas, vas apañado. De todas maneras la imaginación es libre, y el tiempo en este caso era mi aliado para soñar (que no para ir mordiendo los kilómetros que me separaban del destino) de modo que pasé por el filtro de mi memoria los incunables que nunca se encuentran y por descontado esa lista paralela de discos japoneses que son la búsqueda del santo grial para un enamorado de su Música, como es mi caso.

El día 24 de mayo aún quedaba lejos, pero esos cuarenta años que la Música cumpliría a mi lado en fecha tan señalada iban conmigo desde hacía mucho tiempo, y me entretenía en imaginarme qué podría conseguir justo ese día, si es que los precios del mercado no me hacían quedarme con las ganas. Estaba claro que algo iba a conseguir, de modo que seguía imaginando y viéndome ya en las tiendas conocidas y en otras que quería visitar por primera vez. 

Kyoto y Tokyo son dos lugares para buscar y perderse con los vinilos, independientemente de que encuentres lo que buscas, porque es un placer visitar las tiendas, pero había algunos lugares más que podrían hacer sentirme bien, entre discos de negro vinilo o escuchando Música al amparo de una buena cerveza. Tras el interminable viaje y los trámites de rigor nos encaminamos hacia la primera etapa de nuestro viaje, con el tren bala Shinkansen deslizándose sobre las vías rumbo a Hiroshima.



Japón: Cuaderno De Viaje I // Más Allá Del Sol Naciente


Parece una quimera, y realmente pudiera serlo si nos ponemos en la ilusión de vivir un sueño.
Nunca imaginé que sería el cuarto viaje a un país fascinante que me atrae por lo que da en sus lugares, sus gentes (a día de hoy sobre todo, y que dure) y en esa parte de mi alma que es casi todo porque me lleva a los confines del universo, la Música, su esencia y lo que representa.

Japón es en muchos aspectos un lugar donde perderse en lo físico y lo espiritual, lo mental y lo emocional, y además tiene la capacidad de guardar muchas de esas sorpresas que cuando uno las va descubriendo enganchan porque son pura sensibilidad.

El cuarto viaje al país del sol naciente buscaba muchas cosas, abundar en otras que nos emocionan y por las fechas descubrirme cuarenta años después del inicio de una pasión que los japoneses viven como pocos, la Música y lo que representaba celebrar ese aniversario buscando, acariciando, desnudando... vinilos con las yemas de los dedos, a través de mis ojos y por supuesto viviéndolos con mi alma.

Las siguientes entradas de este espacio que guardo para la Música pero que me permite vivir otras  muchas cosas más, serán para recordar de nuevo esa cuarta tuerca de vuelta a los sueños, con el hilo conductor de la Música, porque en cada segundo ha estado presente en espacios, rincones, lugares inimaginables y por supuesto tiendas de discos que me han hecho viajar a un lugar donde nadie puede ser si no es con los sonidos y lo que significan.

Cuando una gente que se encuentra a once mil kilómetros de ti siente con algunas cosas eternas lo que tú, sabes que el mundo es tan grande como uno quiera y tan pequeño como las sensaciones te hagan.