sábado, 15 de mayo de 2021

De Vinilos y Otras Glorias MMCCCLXXIII

 Desde el lugar donde lo prohibido comienza a tener sentido


Atlanta Rhythm Section (Red Tape) 1976




La maravillosa ARS siempre me ha parecido una banda infravalorada (quizás lo he dicho en alguna otra ocasión pero me da igual) y si quizás, solo quizás, no se le incluye entre los iconos del Rock Sureño por razones desconocidas, al menos se le podría dar el valor que como grupo se merece, que es mucho.

El disco que nos acompaña, este tremendo "Red Tape", pasó por debajo del radar de una manera incomprensible, y si el éxito y el reconocimiento les llegó años después por algún giro del destino desconocido, solo escuchar esta barbaridad se puede plantear sin problemas que se adelantara algunos años.

Un disco de Rock Sureño puro, con todas las características de los mejores de la ARS, que conseguían en sus temas una sensación de bloque compacto absolutamente genial, donde nada parece que destaque porque lo hace el todo, una banda que sonaba y actuaba como tal; seis músicos excepcionales, ninguno de ellos con la etiqueta de genio que poseían otros grandes del estilo, pero que a la hora de sonar transmitían una energía descomunal acorde con las mejores piezas de este estilo, el Rock Sureño, que te levanta del asiento a patadas (y que se agradece que lo haga)

El dueto de guitarras funciona de maravilla, nada de solos estratosféricos pero manteniendo la pauta y la guía de una manera efectiva, compenetrados a la perfección. La sección rítmica es pura dinamita, especialmente ese bajo que en manos de Paul Goddard se convierte en un solista más. Los teclados quizás son desde siempre lo que menos destaca, y en este "Red Tape" no es una excepción; en lo referente a la garganta de Buddy Buie, un tono sureño tan clásico que dan ganas de dejar que se te quede en la memoria.

Una banda, un grupo, una forma de entender la Música de manera coral, como realza el temazo "Another Man's Woman" donde la cabalgada a las estrellas se consigue sin problemas.

Disfruta de un grupazo de Rock Sureño para saborear un estilo que es una verdadera gozada cuando la calidad, como en este caso, está por encima de muchas cosas.


SIDE ONE:  Jukin;  Mixed emotions;  Shanghied;  Police! Police!;  Beautiful dreamers

SIDE TWO:  Oh what a feeling;  Free Spirit;  Another Man's Woman


miércoles, 12 de mayo de 2021

La mirada de nadie 2

 


Algunos nunca saben de donde vienen, ni qué son, ni quienes, ni por qué están aquí. Sin embargo, yo nunca tuve esa duda; solamente la presencia de ese ser extraño, de esa apariencia de mujer pegada a la pared que desapareció entre mis dedos me hizo dudar, pero ahora, como parte integral de mi ser, ya no dudo.      

Siempre he sabido quién soy, y nunca he dudado ante ningún por qué. Ya me sobraba este mundo, todo lo que me rodeaba, y no quería estar aquí. Allá ellos con sus escombros, con sus miserias, con sus desmanes, con su muerte en vida. No iba a soportar más hedor, mi existencia estaba por encima de ello.

Busqué mi esencia, mi espíritu, me uní a él y desaparecí, hacia el lugar donde nadie que no sea de los elegidos podrá estar nunca. Comprendí a aquel ser, su tristeza, sus ansias por no estar, su deseo más allá del tronar de los cánticos inútiles de las almas vacías.

 

Paseaba por la orilla del río, sintiendo el agua rozar mis pies. Eran sensaciones que no existían, porque ya no estaba allí, sin embargo ahora podían parecerme más reales que cuando buscaba ansioso esos momentos para escapar de todo, para huir de lo que me atrapaba. El agua subía poco a poco por mi cuerpo etéreo, y no era humedad lo que me cubría, sino una extraña mezcla de todo lo que me había procurado felicidad mientras estuve entre ellos.

No hice nada por evitarlo, dejé que me “empapara” esa esencia compuesta por ideas, sentimientos, creencias, emociones, y por supuesto por ella, el ser que me tomó y me ayudó a dejarlo todo, a decidir que mi lugar no estaba donde mi espíritu ya no se reconocía. Flotaba, sentía el vacío a mi alrededor, aún lleno de lo que el río me había cubierto, y fui alejándome, hacia la nada, hacia el lugar…

Cuando se han visto los escombros cubrir el mundo, es fácil vivir bajo un manto de estrellas, sabiendo que tu límite no existe.

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La mirada de nadie 1

 


Al girar la esquina me la encontré, apoyada en la pared, con la mirada perdida hacia ninguna parte, hacia el infinito. De pronto, me pareció que todos los sonidos del Universo confluían en un solo punto, iban hacia ella. Todo ese sonido me impedía comunicarme, hablarle, decirle nada. Sentía que estaba lejos, muy lejos, y sin embargo la tenía a un paso. Me acerqué, anduve despacio, tranquilo, sereno. Seguía apoyada en la pared, y su espalda resbalaba sobre ella hasta terminar sentándose sobre sus glúteos, con las piernas flexionadas, las manos vencidas y su cara siguiendo esa estela, esa línea invisible que lleva a ninguna parte. Sus ojos denotaban una tristeza infinita; no sabía por qué, y algo me decía que nunca lo sabría.

El olor a muerte se percibía muy fuerte, cada vez más fuerte. Cuanto más me acercaba a ella, cuanto más sentía su presencia, aunque fuese lentamente, más penetrante era ese olor. Buscaba en mi cerebro, pero nunca había sentido nada igual.

A escasos centímetros de ella, acerqué mi mano, tomé sus dedos, los levanté y no hizo ningún esfuerzo, ningún ademán; no me miró, no podía, porque no sentía, no estaba. Su piel estaba fría, helada. Me incliné buscando su cara, su rostro, pero seguía sin estar. Tomé dulcemente su barbilla y elevé su rostro, provocando que se cruzara con el mío; en ese instante, cuando el olor a todo y a nada se hacía insoportable, desapareció.

 

Me mantuve en la misma posición, petrificado, sin saber qué hacer. Busqué a mi alrededor sólo con la mirada, busqué en el horizonte, a mis pies, a ambos lados de mi cuerpo y permanecí pegado en la pared, apoyado sobre ella. En ese instante sentí el olor aún más intenso, ese olor que está fuera de lo humano, ese olor que nos dice que ya no somos de aquí, que ya no somos, que nuestra esencia se ha ido, y noté cómo mi piel se iba impregnando, como poco a poco el todo de lo que era esa criatura me estaba tomando, absorbiendo lentamente.

Noté mis pies, mis tobillos, mis piernas. Sentí cómo subía por mi vientre, cómo ocupaba mi torso, y cuando llegó a mi rostro se fundió conmigo, la noté dentro de mí. Mi cerebro diseccionó su imagen, y cuando la tuve “delante” de mis sentidos supe que éramos parte el uno del otro.

No sé cómo ocurrió ni por qué, pero esa criatura a la que sentía perseguirme y a la que yo también perseguía desde hacía tanto tiempo ahora estaba conmigo, no sabía si para siempre o por un instante, pero el olor, la presencia, la sensación, el todo de lo que había sido ahora era algo que mi ser asumía como propio.

 

El caos y la destrucción que anidaban a mi alrededor iban cubriendo, poco a poco, todo el espacio, el universo. Nada tenía lógica, ya nada era, la sinrazón había vencido de nuevo, otra vez.   

Entre los muros de piedra destruidos, entre los miles de escombros que se encontraban a mi alrededor, mientras los cascotes seguía cayendo sin rozarme, me sentí parte del universo. No me importaba lo que pudiera pasar, no me importaba nada de todo aquello; el olor a muerte, a putrefacción, a seres humanos que ya no existían, todo me era indiferente. El ser al que había seguido, al que buscaba con todas mis ansias, ahora ya era parte de mí, y eso era lo único que significaba algo, lo que me hacía infinito, lo que me hacía sentir diferente de toda aquella podredumbre que ahora cubría este mundo.

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